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martes, 19 de julio de 2016

Telas de Francia

Es una costumbre que tengo, cuando voy a escribir un post, leer mis ultimas entradas. Mi naturaleza contradictoria me haría quedar como un payaso si no lo hiciera. Un día escribiría qué feliz me siento y al otro... que me quiero tirar de un puente...

Esto es un ejemplo. No me quiero tirar de un puente. Momo me haría de cuerda de bungee. A los 31 años y con un pequeño bebé que me necesita, tengo que reemplazar mi corazón por un engranaje de acero que me impulse a vivir.

Al menos no me he desilusionado a mi misma. He leído mis ultimas 3 entradas y es impresionante lo estable de mi mal humor y mi tristeza. El truco está en que 2 de las ultimas 3 entradas nunca llegaron a mi blog. Las he dejado en borrador. 

Una se llamaría "La música calma las bestias" dedicada a Muñequito. Escrito desde la perspectiva de qué hago yo para no asesinarlo cuando hace cosas estúpidas: escuchar música clásica. La opera de Caruso es mi favorita. La escucho para no llegar a casa y cagarme en sus muertos, porque la mitad de las veces yo saco las cosas de proporción...

Y era cierto. O más bien no era cierto. Era cierto que saqué las cosas de proporción y no era cierto que el le había confiado mi mayor secreto a sus compañeros de trabajo, que son indirectamente los míos también porque trabajamos en el mismo edificio. La cosa es que una vez mi mayor secreto fue la bulimia. Hoy mi mayor secreto es algo que puede hacerme ir a la cárcel. Tratando de ayudarme se expuso él, y pidiendo ayuda para salvarme a mi, tuvo que recurir a alguien que luego traicionó su confianza. Pero él supo como manejarlo y solucionarlo. Estoy fuera de problemas.

Ojalá no fuera así. Si no fuera por mi pequeño me iría a vivir un par de años encerrada infrahumanamente con mujeres que han cometido crímenes y delitos. Yo no soy ni un ápice mejor que ellas. Pero no puedo derrumbarme, por Momo. 

En estas últimas semanas he pasado por tanto dolor. Después de escribir esas entradas no vi la necesidad de publicarlas. Quieren saber qué tan depresivas eran? Esta entrada es una entrada FELIZ comparada con aquellas.

He estado ausente de la comunidad, pero no crean que ha sido diferente en el mundo real. Hoy me di cuenta de que me han extrañado por los alrededores. Verán, en la primera planta de mi edificio (yo trabajo en la quinta) hay una tienda de telas francesas. Yo, que nunca he tenido una casa para mi, me distraía mirando las telas, imaginando esquinas hermosas adornadas con tela importada de Francia. Era extremadamente relajante. Como consecuencia, tenía conversaciones diarias con el equipo de seguridad. Mi vida se volvió tal desastre que hasta mi lugarcito para escapar del trabajo había abandonado. Estaba encerrada en la oficina y me pasaba los ratos libres durmiendo para no pensar, acumulando energía para no desfallecer ese día.

Las cosas pintaban horribles para mi. Nunca hubiera podido hacerlo sin Muñequito.  A expensas de su sueño, de su energía, de su dinero incluso, me ayudó. Esta experiencia ha fortalecido el lazo que ya tenemos al ser padres del mismo pequeño. No estoy ni cerca de superar la nube negra, solo que quise volver y contarles un poco, porque sé que hay gente que se preocupa. 

Estuve muy mál y después peor. Pero estoy aquí. Volviendo a la paz despacio. 

Un beso realeza!

viernes, 1 de julio de 2016

Manuel* de Gordos Anonimos

Hace muchos años ya, yo quería teñir mi pelo. Fui por primera vez a un salón de belleza que quedaba cerca de la casa de mi mamá (donde ahora vivo yo) y conocí a una de las estilistas y su esposo, Manuel*.

El color me quedó horrible, pero la amistad que forjé con ellos duraría muchos años. Eventualmente Manuel obtuvo un trabajo como chofer de mi mamá cuando ella estaba haciendo campaña para diputada de nuestra provincia, pero eso no fue lo que nos hizo acercarnos como amigos: Manuel* era entrenador de Gordos Anónimo y me ofreció ayudarme a perder peso.

Y si que perdí! en 6 semanas perdí 14 kilos. No se permite azucar, ni un poquito. Ni harina, ni aceite. Y yo comía cosas fritas y postres pero aún así perdí 14 kilos. Manuel me enseñó como engañar al sistema... quieres comer plátano verde frito? Cocínalo hasta que esté completamente marrón y sacale toda la grasa que puedas con papel toalla, luego toma zumo de limon sin azucar... Quieres postre? Mastica y escupe, no tragues. Quieres chocolate? sustituye una comida completa por una barra de chocolate. Comiste algo indebido? no comas tu siguiente comida.

Yo no voy a decir que Manuel es el culpable de mi enfermedad, pero antes de yo descubrir que estaban disponibles en internet el me enseñó muchos trucos.

El no era el lider del grupo. El era un exgordo que había logrado un gran cambio y la compañía lo contrató para que entrenara y animara a los demás. La lider era Teresa. Palida, de pelo quebradizo, escualida. Tuvo un accidente hace muchos años y engordó por no poder moverse. Ella completó weight watchers (gordos anonimos en inglés) compró los derechos, e hizo un negocio de sacar grasa del cuerpo de los obesos. Uno de sus primeros triunfos fue Manuel. 

En gordos anonimos tienes una hora establecida de ejercicios, de irte a la cama, de comer. Todo esto monitoreado telefónicamente por Teresa, o Manuel. Es fácil decir en el telefono que has comido solo fruta mientras comes pastel pero dos veces a la semana tenía el compromiso de ir al edificio de gordos anonimos a una reunión con pesada. Pública. Todos te felicitaban o abucheaban si subías o bajabas y tus escalas de peso eran registradas en una agenda, Pero también en una pared. Tus subidas y bajadas eran un asunto público. Por eso era tan crucial no mentir en el telefono. O al menos, mentir bien.

Hace menos de un año lo vi frente a la farmacia de nuestra calle. Estaba sentado afuera en una silla que le quedaba pequeña. Se le desparramaban los muslos y le colgaba la barriga. Antes de que yo pudiera decir algo (que de todas formas no iba a decir porque no es de mi incumbencia) Manuel me dijo que se iba a poner a correr o algo, para perder el peso que había ganado porque su trabajo de chofer no le garantiza mucho movimiento. Yo no supe más de él hasta ayer que mi madre me dijo que falleció de un infarto.

De ser un ejemplo a seguir para otros obesos Manuel pasó a ser otra victima de la obesidad. Es una imagen desalentadora de lo que podría pasarme a mi misma en el futuro si no termino con este Yoyo de peso. Descansa en paz amigo. Es una verdadera pena que hayas perdido tu vida en la guerra contra la obesidad. 

Un beso.

*El nombre ha sido cambiado por respeto a la privacidad.